Eucarísticas

Somos Eucarísticas porque tenemos... una razón para vivir

Somos mujeres consagradas totalmente a Jesús Eucaristía. Hemos sido seducidas por el Corazón abandonado de Dios en su presencia eucarística y este abandono se refleja en una sociedad deshumanizada.

Ante esto, estamos llamadas por vocación a dar una respuesta de amor al amor redentor de Jesús, a responder, con un retorno de amor, a Aquel que nos amó primero y hasta el extremo, perpetuando su amor en la Eucaristía.

Esto es lo que nosotras llamamos “compañía”: vivir haciendo de nuestra vida una entrega al estilo de Cristo Eucaristía, por medio de un proceso de cuatro etapas.
Cuatro tipos de compañía nos llevan a vivir eucarísticamente.

Este es nuestro reto y programa espiritual y apostólico, que nos conduce, a través de un proceso de crecimiento personal y gradual, a la transformación profunda de nuestro ser en eucaristías vivas.

Presencia
Proceso que comienza por la aceptación gozosa de nosotros mismos, fundamentada en la confianza absoluta de que somos incondicionalmente amados por Dios, tal como somos; y en la certeza de su presencia en nuestra vida y en nuestra propia historia personal. Esta experiencia suscita en nosotros estar presentes ante la “Presencia”.

Compasión
La compañía de compasión (sentir-con) nos enseña a salir y olvidarnos de nosotros mismos, del mundo pequeño de nuestro propio “yo” y volvernos hacia el amor a Dios y a nuestros hermanos. Con esta compasión se agranda nuestro corazón a la media del Corazón de Cristo, un amor sin medida y es que en el amor está la perfección de nuestra naturaleza humana.

Imitación
Con esta compañía nos sentimos llamadas a identificarnos con la vida y entrega de Jesús. Viviendo y entregándonos como Él: “Haced esto en memoria mía”, nos convertimos en pan partido, compartido, entregado por y para los demás. La compañía de imitación configura nuestra vida, llenándola de sentido.

Confianza
Es el compromiso con una Persona en la que podemos creer, a la que podemos consagrarnos y por la que dar la vida. Esto hace que todos los esfuerzos resulten significativos y valiosos. A esto estamos llamados, a una vida eucaristizada, a abandonarnos totalmente en las manos del Padre, dedicándonos con pasión a su proyecto eucaristizador, en un total retorno de amor.