La finalidad de la pastoral vocacional es contribuir a que las personas descubran su propia vocación y respondan a ella, y que quienes se sienten atraídas a nuestro Instituto lleguen a hacer su opción personal por Cristo y crezcan en su vocación de servicio a la Iglesia en la comunidad de Misioneras Eucarísticas de Nazaret.
El Señor, que es quien concede el don de la vocación, llama a quien quiere y como quiere. Por eso, nuestra pastoral vocacional, inserta en la misión de la Congregación, está abierta a todas las vocaciones con que el Espíritu Santo enriquece a la Iglesia. En consecuencia, esta pastoral suscitará y promoverá vocaciones para la Iglesia en todos los ámbitos y sectores de la comunidad cristiana y por todos los medios posibles.

Acompañamiento y discernimiento vocacional

El acompañamiento personal permite indicar la presencia del Otro, detectar, sostener y acompañar con profundidad las inquietudes y signos vocacionales que aparecen en las jóvenes vocacionadas. Por ello, es preciso considerarlo un medio imprescindible en nuestra pastoral.

Fases:

Nuestro Fundador presenta un itinerario y proceso de acompañamiento para lo que él llama la elaboración de un apóstol que ciertamente sirve de guía y modelo en las fases del proceso vocacional.
El proceso de descubrimiento de la vocación se presenta pedagógicamente en varias fases en las que se suele dar una interacción entre la actuación pedagógica de las responsables vocacionales y la respuesta de la joven.

  • Suscitar para despertar.
  • Acompañar para clarificar.
  • Ayudar para decidir.

Postulantado

El postulantado es el período de transición de la vida secular a la propia del noviciado. Es una ocasión de madurar el proyecto de vida evangélica y conocer progresivamente la vida de la Congregación.
Es un tiempo propicio para que la joven profundice en su consagración bautismal, madurando la elección vocacional gradual y responsablemente según el espíritu de nuestra Congregación. Puede ir descubriendo el sentido profundo de la vida religiosa y a su vez la Congregación discernirá la vocación y aptitudes de la joven para llegar a ser una auténtica Misionera Eucarística de Nazaret.

Noviciado

Es un tiempo de iniciación integral en el seguimiento de Cristo, de preparación de la joven para la consagración total de sí misma a Dios, al servicio de la misión, según nuestro propio carisma. El noviciado es una escuela de fe, implica una fuerte experiencia espiritual de seguimiento de Cristo, de oración, de iniciación a la misión apostólica mediante la práctica de los consejos evangélicos, de la vida en común, de la actividad apostólico-formativa en el espíritu propio de la Congregación.

Juniorado

El juniorado es la etapa de formación de la vida religiosa que sigue inmediatamente al noviciado, preparando a la neoprofesa a su consagración definitiva por los votos perpetuos. Esta etapa se propone completar y ampliar la formación de las hermanas y desarrollar mejor las posibilidades de cada una, según sus aptitudes, en orden a su propia perfección espiritual, doctrinal, intelectual, apostólica y manual que las capacite para el más eficaz desempeño de su misión.
La pedagogía de esta etapa apunta a permitir a la joven religiosa caminar verdaderamente a través de toda su experiencia, según una unidad de perspectiva y de vida, la de su propia vocación en este momento de su existencia, en la perspectiva de la profesión perpetua. La madurez de la religiosa requiere, en esta etapa, un compromiso apostólico y una participación progresiva en experiencias eclesiales y sociales, en la línea del carisma de nuestro Instituto y teniendo en cuenta sus aptitudes y aspiraciones personales.
La formación de esta etapa se tiene que hacer siempre en comunidad, tanto en la fase formativa (primera) como la apostólica (segunda).

Profesión perpetua

Por la profesión perpetua la Misionera Eucarística de votos temporales se incorpora definitivamente a nuestra Congregación y de este modo participa plenamente de su misión en el pueblo de Dios.
La profesión perpetua es un acto trascendental en el que las hermanas se consagran a Dios para siempre, por tanto, se exige una preparación fuerte y eficaz que sirva para completar la que recibieron en etapas anteriores y como cumbre y final del juniorado. Para ello, esta preparación -al menos en su tiempo inmediato- debe estar dedicada de manera especial al retiro, a la oración y al ejercicio de las virtudes.
Tenemos como objetivos específicos para este momento:
Confrontar y discernir los años de vida religiosa vividos a la luz del Evangelio, carisma de nuestra Congregación y realidad de la Iglesia y del mundo.
Renovarse espiritual y apostólicamente para una inserción más plena en la Congregación.
Interiorizar y definirse claramente en la identidad y sentido de pertenencia a la Congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret.

Formación permanente

Esta etapa tiene como objetivo vivir un proceso personal y comunitario de crecimiento y renovación humana y espiritual que nos lleve a la adhesión vital con Jesús Eucaristía y fidelidad al carisma, para ir respondiendo a las exigencias de la Iglesia y de la sociedad actual.
La formación continua es un proceso global de renovación de la Misionera Eucarística de Nazaret y de toda la Congregación. Sus diversos aspectos son inseparables y se influencian mutuamente en la vida de cada hermana y de cada comunidad.
Entre los aspectos a tener en cuenta están los siguientes:
la vida según el Espíritu o espiritualidad: ésta debe tener la primacía porque incluye la profundización en la fe y en el sentido de la profesión religiosa;
la participación en la vida de la Iglesia según el carisma del instituto y especialmente la actualización de los métodos y de los contenidos de las actividades pastorales;
el «reciclaje» doctrinal y profesional que incluye la profundización bíblica y teológica, el estudio de los documentos del magisterio universal y particular, un mejor conocimiento de las culturas de los lugares donde se vive y trabaja, la actualización profesional y técnica, si hace falta;
la fidelidad al carisma propio, por un conocimiento siempre mejor del fundador, de la historia del instituto, de su espíritu, de su misión, y un esfuerzo correlativo por vivirlo personal y comunitariamente.

Las palabras del Evangelio “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), sitúan la meta tan alta que obligan a una actitud especial de renovación y adaptación incesantes y a trabajar durante toda la vida en el perfeccionamiento humano, espiritual y apostólico; por lo tanto, nunca se podrá llegar a decir que la formación en la vida religiosa ha terminado por completo, sino que la vida consagrada ha de ser una escuela continua donde se debe aprender a servir al Señor sin tregua, cada día más perfectamente.
Para las hermanas, según las enseñanzas del Señor, del Fundador y del testimonio patrimonial de la Congregación, la Eucaristía es la Escuela donde se aprende a vivir al estilo de Jesús, dándose y entregándose a Dios y a los hermanos, de ahí el resultado de una vida alegre, gozosa y feliz, porque hay más alegría en dar que en recibir.