Misioneras Eucarísticas de Nazaret

El 3 de mayo de 1921, en la ciudad de Málaga (España), San Manuel González fundó, junto con su hermana María Antonia, la Congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Es una Congregación religiosa apostólica de Derecho pontificio, que recibió la aprobación de la Santa Sede el 30 de agosto de 1960.

Una razón para vivir

Somos mujeres consagradas totalmente a Jesús Eucaristía. Hemos sido seducidas por el Corazón abandonado de Dios en su presencia eucarística y este abandono se refleja en una sociedad deshumanizada. Ante esto, estamos llamadas por vocación a dar una respuesta de amor al amor redentor de Jesús, a corresponder con nuestra vida a Aquel que nos amó primero y hasta el extremo, perpetuando su amor en la Eucaristía.

Un modo de compartir la vida

Damos gran cabida a la oración, con nuestra casa abierta a todos. Vivimos del trabajo, en pobreza, castidad y obediencia, compartiendo lo que somos y tenemos con toda la humanidad, como Jesús de Nazaret, para identificarnos con su vida eucarística. En Nazaret (así se llaman nuestras casas), trabajamos por hacer de cada comunidad «un horno de fuego de amor centuplicado», como nos decía nuestro fundador.

Una misión: Eucaristizar

Somos misioneras, vamos enviadas por la Iglesia y la Congregación para llevar el evangelio vivo de la Eucaristía, esto es lo que llamamos “eucaristizar”: acercar a los hombres al Corazón de Cristo en la Eucaristía, para que vivan de la Vida que de ahí brota. Vivimos insertas en las diversas realidades de los pueblos y culturas en los que estamos, conservando al mismo tiempo nuestra disponibilidad para la misión universal de la Congregación.

Sentimos la necesidad de darnos, prontas a trasladarnos donde nuestra misión nos necesite, anunciando con gozo la presencia salvadora del Señor, ya que de la Eucaristía brota la exigencia y el compromiso de evangelización con todas sus consecuencias. Un campo específico en nuestra misión evangelizadora es el de formar, mantener y propagar nuestra rama de laicos (niños, jóvenes y adultos), con los que, junto a las Misioneras Eucarísticas Seglares de Nazaret y los Misioneros Eucarísticos Diocesanos, formamos una gran familia, la Familia Eucarística Reparadora (F.E.R.), considerada como fermento en la masa para eucaristizar el mundo.

Con María, mujer eucarística

En nuestra vida se conjuga contemplación y acción, en unión de María Inmaculada. Ella es la Virgen orante, sencilla, acogedora y servicial que, en su vida de Nazaret, nos enseña cómo ha de ser nuestro estilo de vida y nuestras relaciones con los demás. María también nos enseña la audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el evangelio de la Eucaristía, y a vivir con un ardor siempre renovado nuestra vocación misionera.